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Mi primer encuentro con las piedras.

aventurinaLa primera piedra que tuve fue una pulserita de Aventurinas verdes que me regaló mi padrino por mi comunión, tenía yo 9 años. Yo me ufanaba de ellas, y presumía de mis “esmeraldas” jejeje!

Ya más mayorcita, cuando empecé a frecuentar las ferias de minerales, siempre me atraían las mismas piedras verdes, pero entonces averigüé que no eran “esmeraldas” sino Aventurinas verdes. Empecé por maravillarme de su nombre… AVENTURINA, y pensé que quizá podría tener aventuras con ella!! desde allí comenzó mi romance con esta gentil piedrecita verde.. la llevaba en el bolsillo, dormía con ella o la ponía en mi mesita…. durante mucho rato la contemplaba, me metía en su profundidad y buceaba en ese mar verdoso que oculta en su interior… la calma y la serenidad que me aportaba era de fábula… todo nerviosismo desaparecía. A veces estaba en clase en la universidad, y me sentía nerviosa por algún examen y pensaba en la piedra, que la había dejado en casa… enseguida me “conectaba” con ella, la besaba y la enviaba mimos a distancia, y la tranquilidad que alguna vez sentía en su presencia, de nuevo me inundaba….. lo que yo llamaba un “abrazo de Aventurina”, desde ese entonces supe que incluso puedo servirme de las energías de las piedras sin tenerlas… y alguna vez me he engalanado con cristales “etéricos”… pero esa es otra historia….

A mi Aventurina se unió poco después un Cuarzo rosa y jugué con él de la misma forma… investigué y vi que estaba relacionada con el corazón, así que un día pensé que podría ponérmelo en el pecho para ver que ocurría con mi mal de amores de entonces… y me quemó … se puso calentísima, y me dejó roja e irritada la piel.. menudo susto!! nunca hubiese imaginado que esa tierna y dulce piedrecita podía hacer algo así…. entonces ya empecé a tomar nota de mis descubrimientos. Trabajé muchas otras veces con ella, unas me hacía llorar, otras me daba serenidad y una cierta “consistencia” o fortaleza interior, algunas veces parecía que no ocurría nada, pero días después la infusión de su energía penetraba mi vida…

Después fueron llegando las demás, y cada una vino a “danzar” conmigo en el momento apropiado y a brindarme toda una fuente de conocimientos…. a veces soñaba (y sueño) con ellas, despierta o dormida da igual, y me cuentan historias, me revelan secretos y de este modo la enseñanza se integra, se hace viva en mi.

Rita Stone – http://entrepiedras.es

 


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3 comentarios

  1. vicen

    Bueno pues mi primer “encuentro con las piedras” fue de una manera muy casual, tenia yo 14 años y nos dejaron ir a comer a un centro comercial, ibamos todos de pandilla, gritando, riendo y a alguien se le ocurrio que ya que mi cumple estaba cerca porque no elegia algo y ya tenia el regalo, lo primero que pense fue en ropa,je,je,je, andando mirando tiendas, me gire y vi un collar precioso, con bolitas negras brillantes, era azabache, azabache magico, asi que decidi que ese era mi regalo, me lleve tambien un cuarzo transparente que me regale a mi misma, todas venian a ver mi preciosos tesoros , nunca habiamos visto cristales, yo me maravillaba de lo que habia descubierto. Nunca me puse el collar de azabache para salir, me ponia el cuarzo, el azabache lo tenia guardado en una cajita, que por la noche antes de dormir, abria y miraba y miraba, y mi corazon se abria ante el, con sus ojos negros brillantes como la noche infinita, como la paz de la noche, como su calma……todavia lo tengo.V.

  2. Rita

    Gracias Vicen, por contar tu historia…¡y espero más historias! chic@@@@@s! a ver quién cuenta más!

  3. Victoria

    Pues yo la verdad es que ni me acuerdo de la primera vez…desde siempre me atrajeron las piedras, desde los cantos rodados de las playas hasta los diamantes de las joyerías, todas por igual. Ya de pequeñita me hice una colección de piedras, feas y bonitas, de todos los colores que guardaba en una caja y me fascinaba mirar y tocar.
    Lo que sí recuerdo es mi primera experiencia “curativa” que fue con un colgante de un cuarzo rosa que mi madre tenía abandonado y que me daba mucha pena así que lo decidí adoptar. Lo llevé puesto durante muchos meses, pero no me terminaba de encontrar a gusto con él (entonces ni se me había ocurrido que las piedras se cargaran de energía, se limpiaran, curaran…) pero me ayudó a ser más positiva, a confiar más en mi misma y en confiar en que algún día encontraría a alguien a quien merecería la pena amar de verdad (la adolescencia, cuánta inseguridad…) y también sentí ese calorcito en el pecho que dice Rita (sin llegar a quemar). Sin embargo, no conseguí neutralizar esas otras sensaciones que me transmitía y que seguramente no eran mías, y dejé de usarlo.
    Luego vinieron otras piedrecitas, pero esa ya es otra historia.

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